Umanoides


POEMAS BOLONIOS V by Ziggynoide
febrero 28, 2010, 11:59 am
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Soñaba desde pequeño
con hacer eso
que decía Wittgenstein:

utilizar el lenguaje
como una pértiga
para subir al sitio
donde uno quiere llegar.

Mientras observaba fascinado
en la pantalla del televisor
los tanques de queroseno infinito
que desprendían los transbordadores espaciales
al alcanzar su órbita
se decía: “ ahí está, justo es eso, eso es”.

Pero él nunca alcanzó su órbita.
O bien el lenguaje no le alcanzaba
o bien la pértiga era muy corta
o quizá  simplemente, pensó un día,
no había entendido bien a Wittgenstein.


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aquel cactus by umanoidemomo
febrero 15, 2010, 10:29 pm
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aquel cactus apareció una mañana en la puerta de casa. ahí puesto, simplemente, como si se tratara de un bebé envuelto en una canasta. nosotros pensamos que sería mejor no cogerlo, que debía tener algún significado, fuera el que fuera, y no precisamente bueno. parecía un regalo. o una petición. en cualquier caso, aceptarlo nos pareció peligroso. se trataba de firmar el contrato sin leer nada previamente. quizá alguien vendría a pedir algo a cambio. se nos ocurrió que algún evangelista ávido por evangelizar. que alguna extraña campaña de marketing. que algún mendigo zarrapastroso. no, no queríamos problemas. lo dejamos ahí. algún vecino pensó que lo dejamos olvidado y lo colocó en el escalón de la puerta del jardín. y ahí lo dejamos. algún otro pensó lo mismo y lo puso sobre la barandilla. no, no nos conmovimos. pero, era persistente. papá lo golpeó con el paraguas un día de lluvia. cayó del lado de dentro. en nuestro jardín, quiero decir. no nos atrevimos a tocarlo. una visita lo puso de pie, le encontró su sitio. a día de hoy, ahí sigue. nosotros preferimos hacer como que no existe.



Deseos que son humo by umanoideabstraccióndecharco
febrero 13, 2010, 9:51 am
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Cuando más se nota la vida del espíritu es, a mi juicio, cuando estamos empeñados en ir en contra de lo que éste quiere. Yo digo: al cuerpo hay que darle lo que es del cuerpo, a la mente lo que es de la mente, y si algo co-pertenece a los dos se le da a ambos. Los procesos fisiológicos del cuerpo se llevan a cabo de una mejor manera si buscamos las circunstancias que los favorecen. Así, por ejemplo, es bien sabido que la luz solar es necesaria para que hormonas cerebrales tales como las endorfinas realicen adecuadamente su proceso de “fotosíntesis”. Cabe pensar, pues, que un individuo tenderá a sentirse bien si recibe el influjo de los rayos solares: me es difícil describir el estado de satisfacción en que me hallo cuando estoy ofreciéndole al cuerpo (y en este caso también a la mente) lo que es de él. También me resulta difícil describir el estado mental en que me hallo cuando, aun sabiendo esto, no lo llevo a la práctica.

Cada uno se arrastra por la existencia como puede y, precisamente por esto, uno puede arrastrarse también en contra de sí mismo. Recuerdo con nostalgia aquellos días en que, no sin ayuda, conseguí darle al cuerpo lo que es de él: me despertaba temprano, desayunaba y salía a pasear en bicicleta en pleno verano. Por aquel entonces, las fuerzas que fluctuaban dentro de mí se resolvían en un estado de ánimo favorable a la vida, es decir, me empujaban a continuar con la tarea de darle a cada cosa lo que le corresponde. Durante ese corto periodo de tiempo dejé de sufrir “las malas digestiones fisiológicas” que tienen lugar cuando se va en contra de nuestro sistema.

A ese periodo de vitalidad y movimiento le sucedió, inevitablemente, la vuelta a la mala vida, un volver a arrastrarse en contra de ésta. Los seres humanos somos revolucionarios de nuestra propia vida, pues aun teniendo conocimiento de lo que es beneficioso para nosotros no tenemos la garantía de llevarlo a cabo. Los griegos se equivocaron en su tesis del intelectualismo moral: existe un abismo entre el pensar y el hacer. ¿Cómo es que sigo caminando por la sombra, sabiendo que la luz solar me haría un bien? Si fusionamos la teoría de John Searle (debilidad de la voluntad) y la de Harry G. Frankfurt (la estructura de la voluntad), la respuesta toma una forma y un relieve precisos. Si no se tiene una voluntad bien entrenada, si estamos habituados a dejarnos llevar por una apatía que ensordece nuestros deseos, difícilmente conseguiremos llevar a cabo acciones que nos reporten bienestar.

Como mi intención primera era escribir unas palabras dedicadas al “gran astro”, aunque ésta se haya visto truncada una vez más por mi estado de ánimo, cito brevemente a Nietzsche en el Prólogo de su Zaratustra:

¡Tu gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!

Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino.

Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello.

¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.

Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.

Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico![1]

El sentido con que Nietzsche dice esto no tiene absolutamente nada que ver con el sentido de mi post, pero… ¡es tan hermoso ese fragmento!


[1] NIETZSCHE, Friedrich, Así habló Zaratustra. Madrid: Alianza Editorial, 2009.



Poemas bolonios IV by Ziggynoide
febrero 8, 2010, 9:04 pm
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Mírala bien.

Ahí está
bebiendo su cóctel sagrado
sentada en la barra del bar:

la chica interactiva, fragmentada, postsexual.

Mientras unta sus labios rojos con ginebra,
posa su cosmovisión sobre los objetos,
lee entre líneas e interpreta
cada una de las esencias de este lugar,
y desliza su hermeneútica como el humo
a la vez que  te clava
su mirada turbia, secreta, interdisciplinar.

No digas nada
y ni se te ocurra hablarle del sujeto.
Tú eres otro en todo caso
y siempre,
en cualquier versión del modelo,
un tipo ideal.



Poemas Bolonios III by Ziggynoide
febrero 8, 2010, 12:47 pm
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No consigo encontrar
las clavijas adecuadas para

el power point.

Estoy seguro de que,
pulsando esta tecla,
se duplicará el escritorio
y podreis ver

el power point.

Debe ser cosa
del nuevo portatil
que no funcione bien

el power point.

En algún momento
recuperaremos estos minutos
que estamos perdiendo
por culpa

del power point.

Había hecho una síntesis
y unos gráficos de colores
que resumen el estado del debate

en el power point.

Os juro que en mi casa
esto no me pasa:
parece que tiene
ganas de guerra

el power point.

A veces sueño
que resumo mi vida
en un conjunto de grandes instantáneas
dentro de una gran presentación
que, por la causa más peregrina,
siempre se interrumpe

gracias al power point.



Poemas bolonios II by Ziggynoide
febrero 7, 2010, 11:50 am
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El agente racional
se despierta bien temprano
y no sabe qué ponerse,
si el jersey que le regaló su madre
o una camisa más oficial.

El agente racional.

El agente racional
se monta elegante en su coche
y conduce con sumo equilibrio
hasta que aparece
un ciudadano obtuso
al que no sabe si adelantar.

El agente racional.

El agente racional
sale ahora  a comprar
pero no sabe si llevarse
kiwis o naranjas,
pues ambas frutas están al mismo precio
y no sabe cuales duran más.

El agente racional.

El agente racional
escribe por la tarde un artículo
para la revista de la universidad
y se queda un rato sopesando sus razones
para citar a Gadamer o a Derrida.

El agente racional.

El agente racional
durante la noche se ha enamorado
de una chica poco convencional
y busca  qué decir en su manual de instrucciones
hasta que ella por fin se va.



Desesperación by umanoideabstraccióndecharco
febrero 7, 2010, 6:20 am
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Me hallo en la biblioteca de la Facultad de Ciencias leyendo ese texto infumable del autor cuyo nombre de pila es el mismo que el de una de las tortugas ninja. Jamás he leído algo tan alejado de la vida como esto, jamás he leído unas palabras que muestren tanto empeño en intentar esclarecer algo que es absolutamente inútil para la vida, jamás he despreciado tanto un baile de fantasmas como el que tengo delante. No entiendo nada. Desde aquí lanzo el más sonoro de los socorros que hasta el momento han nacido en mí.