Umanoides


Tiranía by umanoideabstraccióndecharco
mayo 31, 2010, 1:52 am
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“¡Ay, si hubiese hecho esto o aquello en su momento!” A menudo nos decimos esto en nuestro en sí. ¡Qué desfachatez ante la Vida y hacia ella! La menospreciamos a causa del desconocimiento que tenemos de su antítesis, la desconocida. Pero, ¿cómo tomar conciencia de la muerte? ¿No sería angustiante el tener a la muerte en la conciencia a cada momento? Sería una causa segura de neurosis, y algo así creo que fue lo que le pasó a Cioran: se centró demasiado en ella y, en general, en todo aspecto lúgubre de la existencia. ¿En qué medida hay que tener en cuenta, entonces, a la muerte? ¿Es el estar al borde de ella lo que podría dotar de suficiente vitalidad a nuestro pensamiento y a nuestras acciones?

Me encuentro aquí sentado escribiendo esto, pienso en la muerte, pero no es suficiente para que un cambio de paradigma opere en mi comprensión de la Vida. Quizá sea porque algo que desconocemos no puede tener efecto real en lo que sí conocemos, presuponiendo que, efectivamente, sabemos qué es la Vida. El no saber cuándo se va a perecer es lo que no nos saca de nuestra apatía (al menos de la mía). Pero, ¿por qué es tan importante una fecha? La fecha de nuestra muerte se sitúa en la mayor de las fechas, en la Vida.

Veronika comienza a valorar su vida cuando le dan un número concreto de días hasta la hora de su muerte. Pero, ¿por qué, por qué, por qué? ¿No es suficiente con saber que algún día desapareceremos? ¿Qué dato es el que no captamos y, consecuentemente, no procesamos en la reflexión consciente sobre la Vida? Me resulta del todo irracional esta forma de vivir, o de vivir a medias. Yo no pienso que nuestros actos sean fútiles de cara a la muerte, jamás eso me ha supuesto una barrera. Es más, mi pensamiento es vitalista, pero no mi sentir, éste es más bien un continuo aletargamiento, una apatía torturadora. La energía es necesaria para la Vida pero, ¿de dónde sacarla? Dostoyevski nos dirá que de la misma energía obtenemos más, pero esto sólo pasa en ocasiones contadas. Tengo la sospecha de que existe cierta arbitrariedad en nuestros procesos neurofisiológicos, una suerte de inadecuación entre lo que pensamos y hacemos, y lo que sentimos. Desde esta óptica sí que parecen inútiles nuestros esfuerzos por ensalzar nuestra actividad vital, ¿para qué esforzarnos si, finalmente, es nuestra fisiología “solipsista” la que resuelve nuestro estado de ánimo? U otra alternativa, ¿es que sólo le pasa esto a algunos individuos? Identificándome con Cioran, creo secretamente que nadie experimenta lo que yo, que nadie encuentra tan imposible como yo la posibilidad de Vivir.

Así pues, desconocimiento de la muerte, ignorancia acerca de la llegada de nuestros últimos minutos, inadecuación entre pensar y ser (colleja para Parménides), una fisiología “solipsista”… ¿Qué de todo ello es el desencadenante de la miseria del espíritu?

Y puesto que no hay salvación ni en la existencia ni en la nada, ¡que
revienten este mundo y sus leyes eternas! (Cioran, Emil, En las cimas de la desesperación. Barcelona: Tusquets editores, 1991).


Escayola Berrocal by umanoideabstraccióndecharco
mayo 4, 2010, 4:08 am
Filed under: General

¡Qué violenta es a veces la Vida! Pues con un puño escribe su propia historia: en las grietas se esconde la más pura de todas las purezas. Allí donde la verdad sale de su caja negra, de su movimiento sensual, allí hay Vida, y ésta  ha de ser conflictiva y desgarradora. Una verdad titubeante, vacilante, eso no es una verdad, sino un montón de paja.

En realidad, las cosas tienden a ser su verdad, a hacer lo que ya son, como un pecho demasiado hinchado que ya no puede ocultar el llanto. Y si una verdad es un martillo, su destino no es otro que el de golpear. No está hecho el martillo para la pintura o la poesía: su sino es que el herrero portador lo deje caer. En efecto, donde leo “verdad” también leo “guerra”, y más aún: la Vida tiene que estar compuesta de verdades jóvenes que aspiran a ser, algún día, verdades maduras.

Enemigo de la verdad es el pudor, pues éste la menosprecia. No hay nada de vergonzoso en el movimiento fortuito de lo real, al contrario: demasiado poco reconocimiento se le da al movimiento, y demasiado culto se le rinde a lo eterno, al arquetipo. ¿Cómo podría yo avergonzarme de la más dinámica de mis verdades? Si esto fuera así estaría avergonzándome, en última instancia, de la Vida.

Y también a mí, que soy bueno con la vida, paréceme que quienes más saben de felicidad son las mariposas y las burbujas de jabón, y todo lo que entre los hombres es de su misma especie.
Ver revolotear esas almitas ligeras, locas, encantadoras, volubles – eso hace llorar y cantar a Zaratustra.
Yo no creería más que en un dios que supiese bailar.
Y cuando vi a mi demonio lo encontré serio, grave, profundo, solemne: era el espíritu de la pesadez – él hace caer a todas las cosas. No con la cólera, sino con la risa se mata. ¡Adelante, matemos el espíritu de la pesadez!

Cursivas extraídas de NIETZSCHE, Friedrich, Así habló Zaratustra.