Umanoides


vivir en la contradicción by eva parra

Parece que en la facultad de Málaga la moda es platónica.

No sé qué pensáis de la maravillosa idea que nuestro decano ha tenido de instalar luces estroboscópicas en las aulas, personalmente a mí me parece fastidioso, no puedo tomar apuntes ni tampoco centrar mi atención en las explicaciones de los profesores pues me embobo mirando todas esas imágenes fijas, estáticas, que me rodean llenas de contrastes blancos y negros y que me hacen vivir el día como si lo estuviese visualizando en el visor de imágenes de windows.
Algunos de vosotros ya me habéis dicho que todo esto es fantasía mía. Puede que tengáis razón y que sólo sea el producto de un incipiente trastorno psicótico, de mi mente calenturienta o de una vitaminosis pero… ¿es cierto que no véis como yo imágenes sin movimiento alrededor? No puedo creerlo.

Luces/sombras, frío/calor, ciencias/letras,… Parece que solo entendemos de contrarios irreconciliables. Ser o no ser, estar o no estar, tener o no tener, esta es hoy mi cuestión.

Hay cosas que se tienen, y hay otras cosas que no se tienen, hay cosas que no se pueden tener, otras que no se pueden no tener, cosas que crees tener, cosas que deseas tener, pero gracias al maldito principio de no contradicción no entendemos que hay cosas que tenemos y no tenemos. Abusamos del mío, entendemos muy bien que lo mío es eso que atesoro en mi casa, en mi cuarto, en mi espacio, en mi propiedad mental,… son MIS cosas que, más bien que por una pertenencia, se definen por no ser de nadie más. Pero nos cuesta entender, en realidad yo diría que no entendemos en absoluto, que las cosas son tuyas y no son tuyas, simultáneamente, sin que eso deba provocarnos un cortocircuito neuronal.

Las calles, tu ciudad, este planeta, la clase 22, este blog… son cosas que al mismo tiempo tenemos y no tenemos. Creo que es el propio apego a las cosas lo que nos hace distanciarnos cada vez más de ellas, como si en un intento de agarrarlas muy fuerte no comprendiésemos que éstas se nos escapan entre los dedos. También creo que sería interesante entender que practicar un desapego puede provocar exactamente la reacción contraria, esto es, que a medida que aflojamos el nudo que nos une a las cosas podemos participar más de ellas.

El punto clave de todo esto pienso que esta en entender que la posesión no es un hecho pasivo, sino un proceso activo, donde el tener algo es el resultado de un trabajo que termina por hacer que tú seas poseído en el mismo grado que posees algo.

En estos días de manifestaciones y huelgas, de discusiones acerca de planes con nombre de mortadela, salta a la vista que nuestro compromiso es casi inexistente. Creo que no somos capaces de entender que, en última instancia, nos debemos el hacer las cosas por y para nosotros mismos, pero me temo que somos demasiado miopes para ver que aquello a lo que llamamos yo no acaba en lo que llamamos mío.

Nuestra universidad tiene cosas buenas y malas, pero lo grave es que no llegamos a ver que nosotros somos nuestra universidad. He oído a varias personas, con una actitud derrotista, explicar que la causa de tanta desidia es la imposibilidad del compromiso con algo que solo va a durar (en el mejor de los casos) 5 años. Estas personas dicen que somos invadidas por una sensación de estar de paso, de no pertenecer al momento que estamos viviendo, y que es por esto que no se participa en la vida universitaria. Yo me pregunto ¿acaso no es así siempre? ¿acaso no es eso de lo se trata? Toda nuestra vida es un continuo estar de paso aunque queramos engañarnos y pensar que la hipoteca/coche/pareja que conseguiremos con 30 años será nuestro trozo de cielo en el que instalarnos.

Es esa imposibilidad de entender que las cosas son nuestras y no lo son al mismo tiempo unida a la sensación de “estar de paso” lo que nos hace tener un complejo de pobres que nos hunde cada vez más en la miseria. No sé si coincidiréis conmigo (yo he sido siempre una estudiante de colegio público) en que no hay nada más sórdido que un instituto público español. Parece que estén diseñados (y eso ya es suponer demasiado) para que no puedan ser más feos de lo que son, como intentando adelantarse a una (inevitable) pintada de un más o menos logrado falo en la pared, evitando así que no pueda hacer sino embellecer el lugar puesto que afearlo es imposible.

Termino, por hoy, hasta una próxima entrega, con una frase del Señor Doctor Jerónimo López Salazar, catedrático de Historia Moderna de la UCLM

“no hay peor cosa que un cateto viajao”

Tengan ustedes una plácida noche.