Umanoides


De Baudrillard a Pornotapados by umanoidentificado
octubre 27, 2008, 4:42 am
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“Ahí está la obscenidad: en que no haya nada que ver. No es sexual sino real. El espectador no se agacha por curiosidad sexual, sino para comprobar la textura de la piel, la textura infinita de lo real. Es posible que en la actualidad sea éste nuestro auténtico acto sexual: comprobar hasta el vértigo la inútil objetividad de las cosas.

En muchos casos, nuestra imaginería erótica y pornográfica, toda esa manoplia de senos, nalgas y sexos, no tiene más sentido que éste: expresar la inútil objetividad de las cosas. La desnudez sólo sirve como intento desesperado para subrayar la existencia de algo. El culo no es más que el efecto especial. Lo sexual no es más que un ritual de la transparencia. Antes había que esconderlo, hoy en cambio sirve para esconder la raquítica realidad, y también para participar, claro está, de esta pasión desencarnada.

¿De dónde proceden entonces la fascinación de tales imágenes? Evidentemente, no de la seducción (que es un desafío a esta pornografía, a esta objetividad inútil de las cosas). Ni siquiera las miramos, a decir verdad. Para que exista mirada, es preciso que un objeto se vele y se desvele, desaparezca a cada instante; por ello la mirada manifiesta una especie de oscilación.”

Baudrillard, J.: El otro por sí mismo, Anagrama, Barcelona, 1988. (p. 27-28)

¿Habrán leído los de Pornotapados a Baudrillard?

Post publicado por: umanoidentificado

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Sobre Beatriz Preciado by usoidesfero
febrero 6, 2008, 9:37 pm
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Se tiene por “postmoderna” la incredulidad con respecto a los metarrelatos. (Lyotard, 10)

 Creo que era Zizek (pero no recuerdo dónde, si alguien lo sabe, que me lo diga) el que decía que el postmodernismo consiste en no tomarse nada en serio, pero comportarse como si no fuera así.

 En el marco del contrato contra-sexual los cuerpos se reconocen a sí mismos no como hombres y mujeres, sino como cuerpos parlantes, y reconocen a los otros como cuerpos parlantes (Beatriz Preciado, 18)

Práctica contra-sexual incluída en su Contrato Contra-Sexual:

resexualizar el ano (una zona del cuerpo excluida de las prácticas heterocentradas, considerada como la más sucia y la más abyecta) como centro contra-sexual universal. (Preciado, 30)

 La contra-sexualidad afirma que en el principio era el dildo. El dildo antecede al pene. Es el origen del pene. La contra-sexualidad recurre a la noción de “suplemento” tal como ha sido formulada por Jacques Derrida (1967); e identifica el dildo como el suplemento que produce aquello que supuestamente debe completar. (Preciado, 20)

”Whereas representation tries to absorb simulation by interpreting it as false representation, simulation develops the whole edifice of representation as itself a simulacrum. These would be the successive phases of the image:
1 It is the reflection of a basic reality.
2 It masks and perverts a basic reality.
3 It masks the absence of a basic reality.
4 It bears no relation to any reality whatever: it is its own pure simulacrucm.
In the first case, the image is a good appearance: the representation is of the order of sacrament. In the second, it is an evil appearance: of the order of malefice. In the third, it plays at being an appearance: it is of the order of sorcery. In the fourth, it is no longer in the order of appearance at all, but of simulation. ” (Baudrillard,
170)

“Thus perhaps at stake has always been the murderous capacity of images: murderers of the real; murderers of their own model as the Byzantine icons could murder the divine identity. To this murderous capacity is opposed the dialectical capacity of representations as a visible and intelligible mediation of the real. All of Western faith and good faith was engaged in this wager on represenation: that a sign could refer to the depth of meaning, that a sign could exchange for meaning and that something could guarantee this exchange–God, of course. But what if God himself can be simulated, that is to say, reduced to the signs which atttest his existence? Then the whole system becomes weighteless; it is no longer anything but a gigantic simulacrum: not unreal, but a simulacrum, never again exchanging for what is real, but exchanging in itself, in an uninterrupted circuit without reference or circumference. (Baudrillard, 170)