Umanoides


Memorias del sótano VIII by umanoideabstraccióndecharco
agosto 5, 2010, 6:38 am
Filed under: General

Maldita sea, ¡soy un idealista! Me he pillado in fraganti, en pleno acto de la imaginación… ¡Yo! ¡El que pretende afirmar la Vida por encima de todas las cosas! Esta es mi confesión: soy un idealista, pero quizá no. No se puede ser una sola cosa por completo, es decir, no siempre soy idealista, pero cuando lo soy es cuando más sufro. El idealista es un director de cine que no escucha las opiniones de los demás, porque él es “los demás”, cree que su opinión es la mejor, porque lo que él siente ha de ser la verdad… Él es director, guionista, productor y actor de su película (¿actor también?).

Lo cierto es que él no lleva a cabo ningún papel… las ideas lo llevan, es su fiel esclavo, el que por nada las abandonará. ¡Ay! ¡He ahí la tragedia! Señores, es triste crear ideas para que éstas acaben dominándolo a uno, ¿existe una falta de Vida allí donde impera la ficción? Ya lo creo que sí, un hombre de acción no se deja llevar así: posee poder de decisión, ideas ajustadas a la realidad y sin ser exageradas por algún tipo de carencia personal, en otras palabras: el hombre de acción sabe esperar manteniendo una salud implacable, deduce cuando ha de deducir, puesto que al confiar en sí mismo le es más fácil confiar en los demás… Donde el hombre de acción escucha “querer” él lo interpreta como “querer”, sin embargo, el hombre cojo de espíritu escucha “querer” y entrelee “lástima” y “mentira”. El hombre de espíritu fuerte se basta y quiere bien a los otros porque se bienquiere a sí mismo.

Me avergüenza pensar en la posibilidad de que penséis que escribo esto precisamente para dar lástima, no es así en absoluto. Escribo porque el escribir y el leer son mis psicólogos: escribo y me leo, me releo, me contrarreleo… Me reconozco en lo que leo efectivamente, y dibujo el mapa de mi pensamiento de una forma más nítida que como lo concibo en ese pote de alquimia mío que se hace llamar “mente”.

Una duda me asalta… ¿y si el idealista lleva razón? ¿y si lo que piensa se corresponde con la realidad? ¿y si por una vez en su vida sus desvaríos le llevan a la conclusión correcta? Bienaventurado sea si éste es capaz de comprobar que sus delirios tienen sentido alguno… Pero, ¿y si no puede comprobarlo? Pues eso, esperar con una salud férrea y un estado de ánimo bien alimentado. Es decir, el idealista enfermizo tiene que transformarse: éste ha de superarse a sí mismo, y esto se hace desbancando a la razón de su trono, aboliendo las jerarquías que se han establecido dentro de lo humano y, por ende, considerando a la razón como un mero instrumento a nuestro servicio y no como jueza definitiva.

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